Tercera parte de Bullying.
Los días transcurrían en perfecto orden en la escuela. El abusivo de mi compañero no se volvió a meter conmigo durante esa semana.
En mi casa las cosas no iban bien. Mi hermano no estaba reaccionando todo lo bien que esperaban del nuevo tratamiento.
Mis padres trataban de ocultarme esas cosas, pero la tristeza de ellos viajaba por toda la casa y a veces se adueñaba de mí también.
Mi trabajo en el comedor era algo que no deseaba que terminara, pues aprendía con esas mujeres, que eran luchadoras y la mayoría de ellas sin hombres en la casa que las representara y echaban para adelante. Así ayudaban a sus hijos y les daban un buen ejemplo.
Mas no todos es buen tiempo cuando uno vive la vida real, no la creada en telenovelas y libros.
Un día llegué bien temprano al aula, aun no había nadie. Al rato entró Raúl. Miró al fondo y cuando noto mi presencia, miró a su alrededor, viendo que estábamos solos, se dirigió a mi lugar.
Yo me puse de pie al momento de verlo venir. Esta vez no me iba a golpear.
-Hola gorda de mierda. No me tengas miedo.
– Creo que ese es tu gran error.
-¿Qué error?
-El creer que todos te tienen miedo.
Ya estaba cerca. Escuchaba su respiración agitada. Se preparaba para atacarme. Lo sentía venir.
-Estúpida. Eres un pedazo de mierda. En el momento que menos lo imagine te doy una paliza que te mando al hospital.
-¿Cómo le hiciste a Luis?
-Te contó ese maricón. Le dije que si hablaba lo mataba.
La sangre se heló en mis venas. La visión se me nubló, se puso todo rojo.
– Fuiste tú abusador. Fuiste tú.
Él detuvo sus pasos y entendió que había hablado mas de la cuenta.
– Yo no le hice nada. ¿De qué hablas? De verdad estás loca.
Avancé hacia él con la clara intención de golpearlo. Dio unos pasos atrás al verme ir hacia él.
En ese momento entró la profesora y algunos de mis compañeros.
Raúl aprovechó para refugiarse en su asiento.
No pude atender a ninguna clase. Mi cabeza era un verdadero enjambre de abejas, mejor dicho de avispas, de esas que te pueden picar mas de cien veces sin morirse.
Él era el que atacó a Luis. Lo había confesado sin darse cuenta. Pero quien me iba a creer. Era mi palabra frente a la de él.
El día me pasó como si estuviera drogada. Me iba de concentración en clase. No probé el almuerzo.
No lo vi dentro del comedor.¿Qué estaría planeando?
No, la que tenía que planear era yo, pero mis ideas se ausentaban al yo buscarlas. No pensaba con claridad y sabía que no podía cometer el mas mínimo error.
Esa noche había quedado en ir a casa de Luis. Lo llamé al llegar a casa y le dije que no me sentía bien. Nos veríamos en otra ocasión.
Mi madre con el problema de mi hermano, no me prestaba mucha atención y yo nada reclamaba, pues sabía lo duro que era para ella y para todos, ver como un niño lleno de vida, en pocos meses, se estaba muriendo y no podíamos hacer algo por él.
El señor de la casa, tenía una comunicación extrasensorial con su hija, que era yo.
Después de cenar, me fui a mi cuarto con el pretexto de estudiar. Él no me había quitado ojo durante la comida.
Al rato de estar en mi cuarto, tocó mi puerta. Sabía que era mi padre, casi lo podía ver al otro lado.
-Sí papá entra.
Entró y cerró. Los pelos se me pararon de puntas.
-Hija has estado ausente toda la comida. ¿Te sientes bien?
Bajé la mirada para poderle mentir. Mas él me conocía y si no lo miraba al contestar, era porque le iba a mentir.
-Si papá estoy bien. Creo que son cosas de mujeres.
– Espero que sea solamente eso. Deseo recordarte que siempre estoy aquí para lo que necesites.
-Lo sé, lo sé y nunca lo olvido. Gracias papá.
Me abrazó fuerte contra su pecho , me dio varios besos en la frente y en el pelo y se fue cerrando suavemente la puerta.
Mi sueño fue pesadilla. estaba en la casa abandonada y me perseguían. Yo corría hasta caer rendida. En ese momento me desperté. Estaba agitada y bañada en sudor.
Me levanté más temprano que de costumbre, me di una buena ducha y cuando mis padres despertaron, yo había hecho el café.
Mi padre me dejó en la escuela y siguió al trabajo.
Era temprano, me senté en las escaleras donde lo había hecho mi primer día de clase y esperé a que vinieran otros compañeros. No deseaba encontrarme con ninguna sorpresa.
Llegó el grupo de Pilar y sus amigas. Se sentaron al frente a mí. yo podía oír todo lo que conversaban.
-¿No vas a ir a la cita Pilar?.
Todas se concentraron en la novia de Raúl para escuchar su respuesta.
– No voy a ir, pero no le daré respuesta. Anoche me llamó a mi casa y estaba muy agresivo conmigo al teléfono.
No deseo verlo a solas.
-Bueno tal vez quiera que le toques otra vez esa cosa.
Las demás rieron y Pilar se levantó para entrar al edificio.
El día fue duro. Mi cabeza repetía una y mil veces la charla de Pilar con sus amigas.
Le daba vueltas y más vueltas sin saber por qué.
hasta que después del almuerzo, se prendió una luz en mis tinieblas.
Ya sabía lo que tenía que hacer. Iba a poner a Raúl al borde del precipicio y él mismo iba a confesar su delito.
Una sonrisa casi cruel se dibujó en mi rostro.
Escribí una nota y me la guardé en el bolsillo. En la tarde teníamos deporte dejábamos todo en el aula.
Fui la última en salir. Al pasar junto al asiento de Raúl, abrí su cuaderno y puse mi nota dentro.
La clase de deporte que para mí era un castigo, ese día me supo a gloria.
Llamé a mi madre y le dije que iría tarde pues había una limpieza a fondo en la cocina. Ibamos a comer y todo en el comedor.
No era una persona mentirosa, pero en ese momento no era yo.
Como si alguien hubiese tomado mi cuerpo y actuara por su cuenta, sin pedirme permiso.
Cuando Raúl llegó a su casa y se dispuso a ver su tarea, se encontró con la nota que decía.
«te veré a las 7 de la noche en la casa abandonada. No vayas con tus amigos, ve solo»
Se le pusieron los ojos chinos y la boca segregó más saliva que lo normal.
Al fin Pilar se decidía a pasar un buen rato con él.
Yo salí de las escuela a eso de las 6:30, después de dar vueltas por el comedor. Ni conversar pude con las mujeres de la cocina.
Llegué al lugar y entré rápidamente. Tenía que ser la primera y así fue. La suerte me acompañaba.
Me adentré en la destruida vivienda, buscando un lugar desde pudiera ver al que entraba y lo encontré.
Detrás de una puerta medio caída. Desde allí veía perfectamente la entrada de la vieja casa.
Él entró en silencio. Llegó puntual. Al estar ya dentro en voz muy baja llamó a Pilar.
-Pilar, Pilar, ya estás aquí.
yo coloqué mi teléfono para grabar he hice un ruido intencional con la puerta.
Él enseguida se dirigió a mi sitio.
Cual sería su enorme sorpresa al verme, que casi cae de culo.
– Hija de puta. ¿Qué haces aquí?
-Te esperaba a ver si me haces a mí lo mismo que le hiciste a Luis acá mismo hace unos días.
Sus ojos brillaron en la oscuridad. No deseaba que me agrediera antes de que confesara su crimen.
Me sentí en la gloria al escuchar sus palabras.
-Yo le rompí dos costillas al putico de tu amiguito, pero a ti te voy a romper los brazos y las piernas. Pedazo de mierda.
Ya tenía lo que quería. Se había grabado todo. Pero no me podía ir así. Él no lo permitiría y yo no deseaba irme tampoco.
-El único maricón de esta obra eres tú.
No era yo la que hablaba. Las palabras salían de mi boca, pero yo no las reconocía como mías.
-Hoy te voy a dar golpes como si fueras un hombre. Te voy a sacar los ojos.
-No, eso déjaselo a la puta de tu madre.
Nunca hubiera pensado decir eso.
Se me vino encima. Yo lo estaba esperando y lo golpeé en la cara con el puño. Le di en la punta de la nariz y comenzó a sangrar.
Se echó para atrás. La sangre ya estaba en su boca y la podía saborear.
Si tiró de cabeza y me golpeó el pecho, caímos ambos al suelo y allí, nos dimos golpes los dos.
Yo logré darle una fuerte patada en sus parte. Se la di con todas mis fuerzas, sabiendo que me daría respiro y la oportunidad de ponerme de pie. En una lucha cuerpo a cuerpo, él tenía más ventajas que yo.
Mientras se retorcía de dolor me puse en pie.
No perdí un segundo, empecé a darle patadas, por todas partes. Mi contrincante se movía en el suelo tratando de esquivar. Mi ira era tanta que no le daba descanso. Lo pateé en la cara, en las costillas, en el estómago. Ya sólo trataba de cubrirse pero no podía.
No sentía piedad. Si hubiera seguido, tal vez lo hubiera matado a patadas.
-Ya por favor, ya.
Su súplica me entró en el cerebro y me volvió a la realidad.
Paré al momento. Me costaba respirar, casi no podía moverme. las piernas me pesaban como si tuviera plomo en ellas.
Él era una masa de carne magullada.
Tome mi teléfono y le di a la grabación.
Todo estaba grabado. Él oía en silencio absoluto.
Cuando terminó la conversación le dije.
-Ahora si quieres vas y le dices a tu mamita, que fui yo la que te hizo todo esto.
Luego yo iré a delatarte a la policía. O puedes decir que deber haber sido el mismo que golpeó a Luis. Entonces yo guardaré la grabación como un recuerdo y tú te olvidarás de que yo existo y de que mi amigo Luis también.
Veía como asentía con la cabeza.
-Para que veas que no soy mala. Llamaré a la ambulancia del primer teléfono público que me encuentre para que te vengan a buscar.
Cuando salí me fui hice lo que le había prometido.
Llame a mis padres y les dije que iba para casa de Luis, que deseaba verme. Mi madre fue la que contestó y lo encontró normal.
Al llegar a la casa de mi amigo, toqué el timbre y fue Luis quien me abrió la puerta.
-¿Qué te ha pasado? Su cara reflejaba asombro y miedo.
-¿Están tus padres?.
-No mi madre tiene una exhibición esta noche y mi padre le acompaña.
-Que bien. Necesito ante todo, darme una ducha y cambiarme de ropa. Llevo ropa limpia en mi mochila. después que me duche, tenemos mucho de que hablar.
-Susana, tú estas loca. No sé que habrás hecho, pero yo soy tu amigo.
-Eso lo sé Luisito, por ese motivo estoy aquí.
-Pasa, creo que está noche debes quedarte aquí a dormir. Tienes mucho que contarme.
-Si creo que es una excelente idea. Ahora mismo llamo a mi casa y les digo que me quedo a dormir acá.
Así lo hice y fue nuevamente mi madre quien contestó. Le explique que teníamos cosas que hacer y me iba a quedar a dormir. Ella enseguida me dijo que si y colgué al momento, no fuera a ser que mi padre quisiera conversar conmigo.
Después del baño. Le conté a Luis todo con lujo de detalles.
-Se puso de pie y dando vueltas por la habitación decía. Estás loca, ahora acabará con los dos.¿Qué has hecho?
-No te preocupes, antes de seguir diciendo cosas, escucha esta grabación.
Cuando la grabación terminó, mi amigo ya tenía su color normal y respiraba sin agitación. Me miró y se vino corriendo ami abrazándome fuertemente.
– Ya no nos podrá hacer nada. Eres un genio. Por favor cuéntame otra vez todo con lujos de detalles.