Segunda parte de Bullying.
Cuando me subí al vehículo, mi padre me preguntó.
– ¿Ese muchacho te estaba molestando?
Nos miramos y nos dijimos muchas cosas.
– No papá. Él siempre desea molestarme, pero no le hago caso.
No dijo palabra en todo el viaje.
Yo llamé a Luis y le conté lo que me había pasado con Raúl. Era mi amigo y debía saberlo.
Sentí que su voz temblaba. Estaba nervioso. Trató de ocultarme sus sentimientos pero su voz le delataba.
– No te busques problemas con él. Es medio loco. Y con personas así no se sabe a donde puedan llegar.
– No te preocupes Luis, no le tengo miedo.
Seguimos conversando de otras boberías pero Luis me esquivaba hasta que me dijo que sentía cansado y se iba a dormir.
El papá de Luis se interesó por el caso de mi hermano en el hospital y contaba mi madre que todos les trataban mejor que antes.
Con el tiempo supimos que el señor además de médico, era el director y copropietario de dicha institución. La madre de Luis era una pintora con cierto renombre en el país y sus cuadros se vendían en galerías de renombre de todo el mundo.
Nada que el dinero no les faltaba.
Luis comenzó a esquivarme en la escuela. Ya no salía al almuerzo, se quedaba en su aula, dice que para adelantar materias atrasadas.
Todo esto me sonaba raro. Era un alumno brillante y con una inteligencia superior a la mayoría de todos los estudiantes del plantel.
Un día en el comedor se me acercó Raúl. Lo vi venir y me dije:
Ten paciencia Susana, que sus palabras no te hieran.
-Ya veo que me hiciste caso y ese putico también oyó lo que le dije.
Ya no anda tanto contigo.
Quedaba algo de comida en mi bandeja y sin darme tiempo se acercó y me echó encima lo que quedaba en mi plato.
Se hizo un inmenso silencio en el comedor, pues todos tenían los ojos en nosotros.
Yo quedé de una pieza. Trataba de limpiar mi blusa y él riendo me dio la espalda.
Mi ira fue mayor que mi prudencia, me levanté y con una mano tomé la bandeja de plástico y le di un golpe en la cabeza.
Todos se pusieron de pie al unisono. Solamente se escuchaba la respiración de los que ocupaban el comedor.
El abusador se dio vuelta y tomándome desprevenida me propinó un trompón en la cara.
Me fui hacia atrás y fue la pared la que detuvo mi retroceso.
Su risa me hirió mucho más que el golpe.
Me miraba y se regodeaba de su ventaja.
Me le fui encima y con toda mi fuerza de di con la bandeja en plena cara.
Creo que dejé su rostro calcado en el material de la misma.
Cayó al piso al momento. Ni sus compinches se movieron para ayudarle.
Yo con mis piernas abiertas esperaba que se levantara para darle nuevamente, pero no me facilitó ese gusto.
Vinieron los profesores. Lo levantaron y casi a rastras lo llevaron para la enfermería y como es de esperar. Fui a parar a la dirección y llamaron a mi padre al instante.
La directora, una mujer sin color ni calor, me dijo un millar de cosas que yo ni escuchaba. Sentada frente a ella y ni la veía. Su voz llegaba a mi desteñida y deteriorada, sin permitirme poder asimilar las frases que ella hilvanaba.
Llegó mi padre y recuperé la noción del tiempo.
Ya comencé a entender lo que la señora hablaba. Entre las cosas que dijo, hubo algo que llamó poderosamente mi atención.
– Ella ha agredido a un alumno ejemplar, que no se mete con nadie. Esto es intolerante señor Delgado. Haremos una junta de profesores a ver que hacemos con su hija. Tan agresiva y tan aislada de los demás. Su hija debe tener serios problemas señor Delgado.
Ahora llévela con usted y que no regrese hasta la semana próxima que será la junta de profesores. Yo le avisaré para que estén presente los dos.
Se levantó de su asiento y dio por terminado el monólogo de ella como directora.
No le permitió al señor Delgado, mi padre, decir una sola palabra.
Nos levantamos y nos fuimos. Siempre el silencio me acompañaba en estos viajes con mi progenitor.
Sabía que al llegar a casa sería cuando rompiera su silencio. A mi me dañaba ese mutismo. Deseaba oír que pensaba, que me dijera miles de cosas aunque fueran en mi contra, pero escuchar su voz.
Me mantuve con la cabeza en alto, mirando el camino.
El recorrido era corto y me pareció un viaje interplanetario que demora años luz.
Entre el la casa y me fui a mi habitación. Esperaba que la voz de él me detuviera, pero no llegó su voz.
Cerré la puerta con fuerza y me eché en la cama.
No quería llorar. Mas no entendía la actitud de mi padre para conmigo.
Pensaba miles de cosas cuando sentí que la puerta se abría. Era él, lo supe sin verlo. Se sentó en el borde de mi cama y con esa voz gruesa que tenía me preguntó.
-¿Podemos conversar ahora?
Me di vueltas y quedé mirándole a la cara.
Me senté para quedar a la misma altura de su mirada.
– Claro que si. Podemos hablar cuando usted quiera.
El trato de usted le hirió. Lo tomó desprevenido y sé que le dolió. A mí tal vez me dolió mucho más, pero no dejé que lo notara.
– Me puedes explicar que sucedió en la escuela. Deseo oír la versión tuya, que es la que voy a creer.
Su última frase me suavizó un poco.
Le conté con lujo de detalle todos los sucesos que había tenido con ese muchacho desde mi primer día de clases. Le conté que había notado algo raro en el comportamiento de Luis, y que eso me tenía pensando cosas.
– ¿Cosas como qué? Explícame hija.
Nos miramos y yo volví a darle la confianza que siempre le había otorgado.
– Creo que Raúl sabe algo del ataque a Luis.
– ¿Me estás diciendo que ese muchacho tuvo algo que ver con lo de Luis?
Eso es muy grave Susana. No se puede acusar a alguien sin pruebas.
– Padre, no le estoy acusando. Es que me pongo a juntar piezas y sé positivamente que él sabe quien atacó a Luis.
Y diré algo más, puede haber sido él mismo quien golpeó salvajemente a mi amigo. Sé que no tengo pruebas, pero las tendré. Verás que no me equivoco.
Mi padre me miró con un cariño muy especial. Su mirada tocó las fibras más sensibles de mi alma.
– Hija ten mucho cuidado y antes de emitir una acusación de esa índole, debes tener muchas pruebas en tu poder. Me gustaría ser yo quien averigüe al respecto.
Nos volvimos a mirar y yo entrecerré mis ojos.
– Está bien,esperaré a que tú hagas algo. Le volvía a tratar de tú y note una sonrisa en su rostro.
-Gracias hija y nunca olvides que yo creo en ti.
Se levantó, me besó en la frente y salió de mi habitación cerrando la puerta suavemente.
-Me vas a disculpar padre mío. pero yo voy a indagar hasta saber que tiene que ver este mal nacido de Raúl en el ataque a mi amigo.
Por fin llegó el lunes y nos llamaron para asistir a la junta de profesores.
Al llegar allí estaban Raúl y su madre.
La señora enseguida se puso de pie y me fue arriba. Si no llega a ser por la rápida intervención del señor Delgado, me hubiese dado unas cachetadas.
-Señora es mejor que se comporte y tengamos la fiesta en paz.
Mi compañero de aula me miraba con un odio que estoy segura que le hacia mucho daño.
Yo le miré y me sonreí sin que mi padre ni su madre se dieran cuenta.
Mi sonrisa encendió más su odio, lo elevó a la máxima potencia.
Por fin nos entraron y al momento llegó el padre del abusador.
Un hombre a medio tiempo. Gobernado y dirigido por su esposa, que era una fiera en todo sentido. De tal madre, tal hijo.
Los profesores míos no hablaron mal de mí y mis notas, todas de sobresaliente también sacaron la cara por Susanita.
La directora iba de un color a otro, pues no entendía como podían hablar bien de la fiera, que era yo.
Llegó el turno de hablar nosotros y le dejaron hablar a él primero.
Empezó diciendo mentiras desde su inicio.
– Esta muchacha tiene que estar loca. Me agredió sin haberle dicho yo nada.
Siempre que pasa por mi lado me dice cosas ofensivas, que yo por hombre las ignoro al venir de una mujer.
En fin una salta de mentiras muy bien urdidas.
Yo escuchaba en silencio pero en mi interior, deseaba saltarle encima y comérmelo.
Cuando terminó su falsa acusación, la madre le puso el punto final.
– Si te vuelves a meter con mi hijo, te saco los ojos.
Todos la miraron con los ojos abiertos.
El marido se atrevió a decir.
– Mujer, no digas esa cosas.
Y ella con voz alterada le contestó
– Tú te callas, que eres un estúpido.
Nos volvimos a mirar todos y me llegó el turno a mí.
Me puse de pie muy cerca de mi padre. temía que la señora me fuera a morder.
– Todo lo que ha dicho él, dije señalando a Raúl, es una sarta de mentiras. Desde que llegué a este plantel, él comenzó a hacerme bullying. Yo no le prestaba atención, pero este muchacho no perdía ocasión para tratar de hacerme sentir mal, cosa que nunca logró y creo que eso lo alteraba.
– Gorda inmunda…
Mi padre reaccionó al instante.
– Señora, o se mide sus palabras, o esta reunión terminará para yo llevarla ante los tribunales.
-Quien se cree que es.
La directora, queriendo calmar la cosa, cometió una gran indiscreción.
– Querida amiga, calmate, que si no, no podré ayudarte.
Nuevamente los ojos de todos nos buscamos y yo solamente me sonreí.
Bueno para no hacer larga la cosa. Todo terminó con una castigo a mi nombre.
A el golpeado, solo lo amonestaron de palabras.
Salimos de allí, todos con diferentes estados de animo.
Mi padre se sentía frustrado ante la agresión de la madre, que como persona adulta, debía dar ejemplo.
Yo sentía que el mundo era una verdadera mierda. Para que portarnos bien, si siempre los que se portaban mal, eran los que mejor salían.
Al día siguiente volví a clases. Mi castigo era quedarme a limpiar el comedor, cuando ya todos se marcharan.
Me senté en mi lugar, atrás del todo.
Llegó el almuerzo y temí por una acción del matón. Estaba preparada para todo.
Pero nada, almorcé en santa paz y él ni se apareció por mis alrededores.
Antes de regresar a clases me fui a los baños. Ya estaba casi lista para salir cuando oí entrar un grupo que hablaban y reían en voz alta.
Cerraron la puerto y escuché que decía una.
-Vigila que no vaya a entra alguien.
Era la novia de Raúl. Una hermosa muchacha, de muy buena familia.
Cuéntanos, por favor. dijeron a coro las que le acompañaban.
– La otra noche me reuní con Raúl en la casona abandonada.
-Uff ahí no entro por nada del mundo. dijo una del grupo.
Otra le contestó.
– Si te dicen que hay un macho allí, tú entras hasta con los ojos cerrados.
Se rieron de la broma cruel a la amiga.
-Ya, dejen las tonterías y dejen que Pilar nos cuente todo.
Pilar la novia del mala persona, era hermosa, pero de neuronas, no le habían ofrecido mucho en el reparto.
– Bueno, me fui a mi cita y allí conversamos un poco.
– ¿De qué hablaron?
Ya cállate y escucha.
La muchacho volvió a la historia.
-Después de un rato, el me empezó a besar. Sus besos iban acompañados de sus manos que las ponía por todos lados.
Yo no las podía detener.
Me tocaba por todas partes. Al principio sentí bien, no lo voy a negar, pero luego, me di cuenta que él tenía pensamientos pecaminosos.
-Oye esto se pone interesante. ¿Hicieron sexo? preguntó otra de las amigas.
Pilar respondió sobresaltada.
-No, no haré sexo con nadie hasta no estar segura de que es lo que deseo.
-Eso es anticuado. dijo otra.
-Tal, yo soy diferente a ustedes, que todas han tenido sexo con varios de la escuela. No lo tomen a mal. No digo que soy mejor, solamente, es mi forma de pensar.
Ni Raúl ni nadie me hará cambiar. El día que yo tenga sexo, será cuando lo estime pertinente.
Vaya con la niña, que bien pensaba.
-¿Y qué más pasó?
– Algo muy desagradable. Mientras yo trataba de detener el avance de sus manos, él se había sacado su miembro.
-Hay cariño, no seas tan tonta, eso se llama «rabo» o muchos otros nombres.
-Bueno como quieras llamarlo. Él tomó mi mano y la llevó a su…»rabo» De solo tocarlo, me dio asco. Le dije un montón de cosas y cuando me retiraba, sentí unas risas y me di cuenta que sus amigos estaban ocultos y lo estaba viendo todo.
Es un cerdo, un degenerado. Quería hacerme el amor y que los demás me vieran.
Lo pienso y le deseo la muerte.
La campana anunció que las clases se reanudaban.
Salieron corriendo del cuarto de baño. Yo esperé unos minutos y salí sin lavarme ni las manos.
Las clases terminaron sin percance alguno y o feliz.
Se habían ido todos los alumnos y profesores. Solamente los empleados de limpieza quedaban en el plantel.
Me fui directo al comedor para ver cual era mi labor.
Nada más entrar, una señora alta y gruesa, me llamó por mi nombre.
-Susana. Tú eres la que estás castigadas y debes ayudarnos en la limpieza, ¿no?
Sonaba dura, pero algo en su cara me daba lo contrario.
-Sí señora, yo misma.
– Muy bien, te diré lo que tienes que hacer, acércate por favor.
Me puse a su lado. Era muy alta, corpulenta, pero de su inmensa humanidad, brotaba un manantial de clara energía que llegó hasta mí inundando mi ser.
– Tu castigo será ejemplar.
Yo abrí mis ojos. ¿Me había equivocado con ella?
-Acá no harás nada mas que estudiar y hacer tus tareas.
-No entendí bien. dije con cara de asombro.
-Mira hija, yo llevo muchos años en la escuela y sé que tu compañero es el ser más detestable de este planeta y que abusa de los más débiles. Nunca nadie lo había detenido en su avance, como lo hiciste tú.
Pensé en Pilar y me dije, que sí, otra también lo había detenido.
En eso salieron otras mujeres de la cocina.
-Tú eres la campeona. Ya te queremos. Muchas de nosotras ha tenido que sufrir malos ratos por ese hijo de puta.
-Marta no hables así.
-No se preocupen que yo he escuchado cosas peores. Dije con pícara sonrisa.
Todas se rieron y me fueron abrazando y diciendo cosas agradables.
En la noche cuando llegué a casa, mis padres preocupados me preguntaron.
– ¿Cómo te fue en la limpieza?
Los miré, les di mi mejor cara, diciendo.
-De maravillas. Ningún trabajo es denigrante y las personas que trabajan en la cocina, son maravillosos seres humanos.
Me voy a duchar y a dormir. Los besé a los dos. Ya mi hermanito dormía agotado por tratamientos y medicinas.
-Buenas noches.
-Buenas noches hija. Dijeron a coro ambos.