En la noche del 25 de noviembre del 2016 muere en La Habana Cuba, uno de los hombres más nombrados de la Historia, por desgracia, para mal.

Fidel Castro Ruz, fue un tirano, porque tomó el poder el primero de enero de 1959, prometió elecciones libres y en más de 50 años de su gobierno, estas elecciones brillaron por su ausencia. Engañó a su pueblo y hasta muchos de los que lucharon a su lado, se sintieron engañados en algún momento de la trayectoria.

Un gran dictador sin escrúpulos, sin dignidad y sin decoro. Pisoteó la patria, hizo de ella su finca y llegó a ser un gran señor feudal en pleno siglo XX.

Nuestra isla se llenó de sangre desde Oriente hasta Occidente, con todos los muertos que el sistema originó. Todo el que no pensará como él, era un peligro eminente y debía ser eliminado. Llenó las cárceles de presos con ideales políticos y los llamó “presos comunes”.

Hace muy poco su hermano, Raúl Castro, otra hiena, tan malo o peor, le aseguró al saliente presidente de Estados Unidos de Norteamérica, que en Cuba no habían presos políticos. No señores, en Cuba lo que no hay es vergüenza dentro de ese régimen corrompido y asesino.

El difunto se creyó Dios de Dioses, pero entre sus leyes fue la guerra a la religión de cualquier índole.

Su palabra era ley y se tuvo que hacer lo que su mente diabólica elaboraba.

Los fracasos cometidos, que fueron muchos, con un desenlace fatídico para la población. Éstos convertían en victorias para la revolución, fracasos nunca, ese era el lema. No podían haber críticas de ninguna clase.

Cuba en el 1959 tenía un estatus económico bueno con respecto al mundo y el señor Castro Ruz en sus largos años de oprobios y denigraciones llevó al país al fondo de las penumbras.

Los cubanos empezaron a salir de Cuba en los años sesenta, pensando en pronto volver, pues creían que el régimen no podía durar mucho. Algo totalmente equivocado. No tuvimos los pantalones para quedarnos y luchar contra lo que creíamos que estaba mal.

Delegamos en otros, para que vinieran a sacarnos las castañas del fuego, y dormidos en los laureles nos quedamos sin patria. No digo que no hubieron muchos y hay, hombres que lucharon y luchan en contra del sistema, pero si digo que no fueron los necesarios que se necesitaban para derrocar un monstruo de siete cabezas.

Cuba ha sido propaganda de la buena para todo el mundo, empezando por llamarse un país libre, yo como cubano, no sé si llorar o reír, así de complicada es la vida.

Muchos son los que viviendo fuera de Cuba, la visitan, hacen sexo con sus mujeres y sus hombres, disfrutan de sus bellezas naturales, de los maravillosos hoteles que el gobierno le ha permitido a otros países construir en Cuba con una serie de prebendas que serían inaceptables en otro paìs, mas si no se aceptan, no pueden negociar en mi país, y luego cuando regresan cuentan de la maravilla de Cuba, que es el lugar idóneo para vivir, mas no conozco a nadie que se haya ido a Cuba a vivir con las condiciones de un cubano a pie de la isla.

La muerte de este hijo de puta, me ha dejado, vacío. No era lo que esperé siempre cuando deseaba su muerte, si señores que me leen, muchas veces le deseé la muerte al hombre que me obligó a abandonar mis raíces, mis recuerdos y mis sueños, al hombre que me lanzó al exilio político, como le hicieran a Martí.

Hoy creo que su muerte no podrá borrar los cincuenta y siete años de horrores cometidos por su gobierno. No creo que la situación en mi país vaya a mejorar con su muerte, ya los Castros tienen establecida una dinastía en el Caribe y solamente con fuego se podrán sacar de la isla.

Habrán cambios, habrán aperturas, las que a ellos les convengan, pero LIBERTAD, con ellos en el poder no habrá nunca.
Hoy siento por esa tierra que me vio nacer y donde viví mis primeros treinta años de mi vida, una gran tristeza. Ojalá que me equivoque, pues le deseo lo mejor a mi país y a mi pueblo.

Les quiere siempre.

Jorge Luis Seco