Las manos.
Tengo las palmas de mis manos repletas de palomas que desean volar.
Volar en libertad, en un cielo cuajado de esperanzas
Llenas de luces que van a ir alumbrando miles de caminos.
de aquellos que a veces la oscuridad les invade.
Mis manos están cargadas de roces que se dan sin medidas.
Muchos de ellos se han ido acumulando en ellas por los años.
Las experiencias, los logros y los desengaños.
Tengo mis manos dibujadas con cicatrices que la vida ha repartido.
Son señales de lucha, de tratar de ser mejor, de crecer.
Mi mano derecha es para el amigo sincero, como dijo Martí.
La izquierda es fiel compañera, digna de tenerse en cuenta.
Miro mis manos y veo mi historia, mi andar, mi recurrido.
La vida está en ellas y por eso representan tanto.
Con ellas he hecho millones de cosas, algunas no muy buenas,
soy humano y no dios, y quien las tenga totalmente limpias,
que lance la primera piedra, creo que no habrá piedra lanzada.
Están ahí frente a mi vista, las analizo y se me acelera el ritmo.
Por ellas he comido, me he vestido, he amado y las he dado,
como ayuda siempre a todo quien las haya necesitado.
Cierro los dedos y mis palmas forman un hoyo profundo como mar.
Donde se pueden hacer tormentas, pero también bellos amaneceres.
Mis manos, las que me han dado las mejores caricias de mi vida.
Su calor ha recorrido mi espíritu, llenándolo de ilusiones nuevas.
Han visitado cada rincón de mi cuerpo y han dejado entre sus líneas,
pedazos de piel, que narran viejas historias, que cantan, que traen penas.
Me han servido para dar aliento y un roce mágico al necesitado.
Las miro, y me veo en ellas, como espejo de cuento de hadas.
Yo soy yo, pero sin ellas, sería nada, como lago sin reflejo.
Como pájaro sin alas, río sin agua y luna sin sol.
Planto un beso amoroso en cada una y me voy haciendo mutis por la escena.
Autor.
Jorge Luis Seco