Me contaba ella.
-No soy bella, no soy linda.
Yo la miré arrugando mis ojos para verla mejor. Ya a mis años, las figuras se me hacían borrosas, a veces una densa neblina poblaba mis pupilas y me costa definir con detalles lo que tenía enfrente.
Pasé mis dedos duros por la artritis por sus rubios cabellos.
No eran de un rubio oro, era mas sucio, ese tono que no sabes definir. Los colores si los captaba en su totalidad.
No crean que miento, cuando cuento estas cosas. Cuento lo que he vivido, otras cosas no tendría la capacidad de contarles. Y he vivido tantas, pero tantas cosas; como yo misma digo » He vivido tantas vidas, que no sé cuál es ésta de ahora»
Mis labios dibujaron una mueca que deseaba ser una sonrisa. Ladeé mi cabeza, llené mis pulmones como si fuera a sumergirme por un rato y le pregunté.
– ¿Sabes qué es la belleza? ¿Qué es ser linda?
Ella me miró muy seria y haciendo una mueca con su boca, encogió los hombros.
Yo solté una carcajada que la tomó desprevenida.
-La belleza la han inventado. La han plagiado y cada día, algún loco la trata de modificar a su antojo y son muchos los tontos que creen lo que ese loco dice de ella y siguen esos parámetros como belleza.
Ahora había logrado captar su atención por completo. Yo era todo lo que existía en ese instante para ella. Era una diosa que la hipnotizaba con la magia del verbo.
-¿ De verdad? ¿Es así como dices?
Su voz encerraba miedo, ese temor de quienes desconocen lo que preguntan y temen saber en realidad toda la verdad con la respuesta.
– Claro que es verdad. Tú eres bella, para mí lo eres y ya eso cuenta.
-Pero tú eres mi abuela. Siempre me vas a ver linda.
Yo me tuve que sonreír ladeando un poco mi cara para que no lo notara.
– No, estás equivocada. No se mentir, nunca lo he hecho y no lo iba a hacer ahora porque seas mi nieta.
Mi seriedad la asustó un poco y se recogió sobre sí misma.
-Recuerda algo que te voy a decir y aunque solamente tienes ocho años, lo vas a recordar toda tu vida.
Nadie te podrá decir que no eres bella, si tú te consideras así. La belleza, está dentro de los seres humanos, no fuera. Muchos no la saben apreciar, sobre todo los hombres al pararse frente a una mujer. Ellos siempre miran lo exterior. No son capaces de ver dentro y eso los pierde.
Vi una gran sonrisa en su rostro. Una luz divina iluminó sus ojos y dándome un fuerte abrazo me dijo muy quedo.
– Ahora entiendo cuando mi padre dice que eres vieja y fea y mi madre le dice que eres la mujer mas bella del mundo.
Yo también te veo linda abuela.
-Gracias mi amor, gracias.
Oculté dos lágrimas que humedecían mis arrugadas mejillas y besé a mi hermosa nieta que había nacido con el síndrome de Down.
Autor.
Jorge Luis Seco.