¿Sueño o pesadilla?
Anoche soñé de que el mundo se arreglaba. Que dejaban de haber diferencias, problemas de clases y que todos, todos teníamos los mismos derechos e igualdades.
Me sentía extrañísimo en ese mundo, donde todo encajaba a la perfección y que no existía ni una mancha.
Llegué a pensar que era un malvado por no poder disfrutar de esa maravilla y en mi sueño estar viviendo una pesadilla.
No veía ricos, todos vestíamos iguales, como un uniforme. Las personas en la calle te saludaban, pero detrás de esas frases de saludo, habían mensajes de miedo, de desacuerdo, de inseguridad, en un lugar donde todo era perfecto.
El estado se ocupaba de sus ciudadanos y les ofrecía todo lo que necesitaran, en cualquier campo. Salud, medicina, educación y absolutamente gratis.
Dentro de mí se despertaba un monstruo que agitaba todo mi ser. Golpeaba de dentro hacia afuera queriendo salírseme.
Dejó de ser un sueño para convertirse en terrible pesadilla.
La realidad de lo onírico era aplastante y verdadera.
Sentí que el maravilloso «Estado» me controlaba en todo los pasos que daba.
Aquello que ellos llamaban libertad, igualdad, eran solamente palabras vacías, sin sentido, sin significado.
Veía como el país iba en decadencia. La falta de lo más esencia golpeaba el día a día del pueblo.
Comprobé que los dirigentes, se llenaban los bolsillos, y sus despensas estaban abarrotadas de lo que a todos nos faltaba.
La doctrinas eran el pan nuestro de cada día. Y cuando empezaron algunos a volver a pensar por si mismo, comenzaron a desaparecer.
Como proclamaban igualdad total y completa, nos dijeron que no hacían faltas partidos políticos, que con uno solo era suficiente.
Nos habían maniatado de ideas y pensamientos. Pensar era en contra del Estado y pensar que estaban equivocados te costaba la vida.
Cuando más angustia estaba sintiendo, desperté. Volví a la realidad y me di cuenta de que ya no vivía en Cuba, que estaba en un país donde por pensar diferente no me iban fusilar, ni meter preso. Eso quedaba atrás, en mi isla, donde tratando de implantar la igualdad total, habían creado el comunismo, que no es más que la dictadura para el proletariado.
Miré por la ventana y vi a hombres y mujeres, todos vestidos diferentes. Algunos serios, otros mustios, también los había con alegría. Dibujé en mi cara una enorme sonrisa y me alegré de vivir en un país donde no somos iguales, pero cada uno, puede alcanzar sus sueños si lucha por ellos.
Autor.
Jorge Luis Seco